Mundial 2026: el VAR le está quitando el alma al fútbol y apagando la emoción del gol

  • El fútbol está desarmado, desnaturalizado.

Por: Rafael Guerra..www.costerisimastereo.com

​Se suponía que el Mundial de Estados Unidos 2026 sería la gran fiesta de la evolución, el espectáculo definitivo en la tierra del showtime. Pero lo que estamos presenciando es un funeral en cámara lenta.

El diagnóstico desde las tribunas y las pantallas de Barranquilla hasta Bogotá es unánime y doloroso: el fútbol está desarmado, totalmente desnaturalizado.

​La tecnología, vendida bajo la promesa de una justicia divina e infalible, terminó por extirparle el alma al deporte más hermoso del mundo. Hoy, el fútbol ya no es de los futbolistas, ni mucho menos de la gente; es de los ingenieros de sistemas.

​La mayor aberración de este nuevo orden futbolístico es la destrucción del orgasmo del fútbol: el gol. Vivimos en la era del festejo bajo sospecha. Un jugador gambetea, el delantero la clava en el ángulo, la tribuna explota, pero la alegría se congela de inmediato. Hay que mirar al árbitro. Hay que esperar que unos señores en una cabina oscura, armados con lupas digitales y líneas milimétricas, decidan si la uña del pie del lateral estaba un milímetro por delante de la bota del defensor.

​El VAR no está corrigiendo errores históricos; está arruinando cada jugada, invalidando goles legítimos por minucias imperceptibles al ojo humano y destruyendo la fluidez del juego. El fútbol, que nació para ser continuo y pasional, ahora se juega a ráfagas, cortado por deliberaciones eternas que parecen sacadas de un tribunal de juzgado y no de una cancha de fútbol.

​¿Y qué pasa con el público? El fanático que ahorró durante meses, el colombiano que viajó a Estados Unidos pagando boletas a precios astronómicos en dólares, está siendo abiertamente perjudicado.

​»El hincha paga una fortuna no para ver a un árbitro mirar una pantalla durante cinco minutos, sino para vivir la emoción en tiempo real. Le están cobrando un espectáculo en vivo y le están entregando un producto editado en diferido».

​Esa desconexión es letal. La tecnología ha robotizado a los jugadores, quienes ya no se atreven a ser espontáneos por temor a que cualquier roce natural de juego sea interpretado como una agresión en la repetición hiper-lentificada del monitor. Se ha perdido la picardía, el potrero y la esencia misma de un deporte que siempre fue inherentemente humano, y por ende, imperfecto.

​El impacto de esta desnaturalización se siente con fuerza en Barranquilla, una tierra donde el fútbol se vive con la sangre caliente y las emociones a flor de piel. Aquí no entendemos el fútbol sin la polémica del barrio, sin el debate del día después, sin la euforia inmediata.

​Si el precio de la «justicia» tecnológica es convertir al fútbol en un deporte frío, predecible, monótono y quirúrgico, entonces el precio es demasiado alto.

Es hora de que los directivos entiendan que el fútbol es de los que lo juegan y de los que pagan por verlo, no de los que quieren controlarlo desde un computador. ¡Devuélvannos la naturalidad del juego

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